Hasta siempre…

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Con el permiso de la familia de Pierpaolo Piras, publico en esta rúbrica la traducción española de la emotiva carta que Pierpaolo escribió antes de fallecer y que su esposa Daniela leyó al final del funeral.
No tuve la suerte de conocer personalmente a Pierpaplo, ni a su familia, pero en cuanto me contaron de su enfermedad experimenté enseguida un sentimiento de solidaridad, de colaboración mutua, de pensar en él como si fuera otro yo. Por eso, cuando Alfredo De Santo me pidió que tradujera al español la carta de Pierpaolo acepté de inmediato.
Las palabras de Pierpaolo, además de muy conmovedoras, son valiosas recomendaciones de vida, porque, como dice Pierpaolo: la vida es frágil, preciosa, impredecible.

Descansa en paz, querido Pierpaolo, que el Señor te tenga en su gloria.

“No fue mi intención dar un disgusto a los muchos que junto a mí habían esperado para esta historia un final diferente… Yo mismo soñé con una gran fiesta, en la plaza de San Paolo di Civitate, comiendo y celebrando con los que me habían dado la oportunidad de curarme. Y soñé también con una fiesta en Cerdeña, la tierra donde crecí y que, a pesar de la distancia, me ha demostrado todo su afecto… desafortunadamente no somos nosotros quienes decidimos y el final fue diferente.
Sin embargo, quiero deciros que después de tantos meses de sufrimiento, justo cuando todo parecía estar perdido, todos vosotros habéis sido capaces de donarme una nueva esperanza: en esa esperanza yo he creído totalmente, y con esa esperanza he afrontado serenamente los últimos días de mi vida.
Nunca sabremos por qué, Luciano, Alfonso, Giovanni, y yo tuvimos que abandonar tan temprano esta tierra, a nuestros amigos, a nuestras familias y sobre todo a nuestros hijos. Os he pedido ayuda y me habéis dado mucho más que ayuda, sin embargo, tengo que pediros una última cosa más: sed para estos niños, que esta vida nos ha obligado a dejar, lo que habéis sido para mí una gran familia y con amor enseñadles que la solidaridad, la compasión y la mutua colaboración hacen que incluso las historias más tristes tengan un propósito más grande… el amor al prójimo que nunca nos deja solos, ni siquiera en el momento de mayor sufrimiento. Yo os miraré desde arriba con Giovanni, Rossano, Alfonso y Luciano.
Adiós amigos, habéis sido muy majos
“.

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